lunes, 1 de diciembre de 2014

Mi Niña

Se anunció después de que un galeno chiapaneco nos había asegurado que no podríamos tener bebés. Sus papás apenas habíamos brincado la adolescencia y, en muchos aspectos, aun seguíamos instalados en ella. El primer año después de nuestra boda, lo vivimos en el D.F. gozando de la libertad que nos permitía nuestro certificado matrimonial y jugando a la casita...la eventualidad de que pudiéramos tener un bebé no pasaba por nuestra cabeza.


El trabajo de su papá nos llevó a cambiar de residencia a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. "Al otro lado del mundo", decía don Ray. Ahí, cuando menos lo esperábamos se anunció la Moni, nuestra primera hija y la primera nieta en las dos familias. Yo, que contaba entonces con 20 años, viví el embarazo como un juego. Salía a pasear al parque y le platicaba lo que veía y que pronto ella (o el, en ese entonces no se predecía el sexo) vería. Me encantaba sentir su respuesta con alguna patadita en mi vientre.


Nació enorme por parto natural sin ningún tipo de anestesia. Doña Arminda y don Ray llegaron a Tuxtla dos horas después del parto. En los cuneros era la más larga, don Ray no cabía en sí de orgullo. Durante la semana que duró su estancia , recibimos lecciones intensivas de cómo cuidar a nuestra criatura. El día que se iban, doña Arminda a duras penas contenía las lágrimas y yo temblaba presa del pánico con mi bebé en brazos ¿sería capaz de sacarla adelante?.


Nuestra vida fue una serie de "primeras veces": la primera ahogada, la primera enfermedad, la primera ida a la escuela, los primeros cumpleaños, la primera adolescencia, el primer noviazgo, la primera boda....no hubo tiempo de ensayar. Cambié las muñecas y los monos de peluche por una pequeñita de carne y hueso que dependía totalmente de mí. Todavía me asusta la cantidad de errores que cometí con ella.


Tenía seis meses de nacida cuando regresamos a nuestra ciudad, cerca de nuestros padres y hermanos y, sobre todo, cerca del amor de quien fue siempre nuestro ángel guardián: doña Arminda.


Ahora es madre, esposa, empresaria y enfrenta sus propias decisiones, aunque para mí seguirá siendo siempre esa chiquita rebelde, demandante y llena de ocurrencias entrañables. Para mi seguirá siendo siempre Mi Niña.



jueves, 27 de noviembre de 2014

Los Cuates

Los últimos meses de su embarazo veíamos a doña Arminda caminar pesadamente por el pasillo de la casa, deteniéndose de las paredes. Su última hija -la Chechy- , tendría apenas once meses cuando naciera el bebé que esperaba, que a todas luces sería enorme. El agotamiento de doña Arminda era evidente y le dolía no poder ni siquiera levantar en brazos a su niña de meses.


Cuando por fin llegó la fecha en que daría a luz, don Ray la llevó al hospital y nosotros nos quedamos esperando la buena nueva...¿será niño o niña? ni por asomo se nos ocurría pensar en la eventualidad de que fueran dos. Y así lo confirmó don Ray, cuando en la noche regresó con la noticia: ¡eran cuates! dos niños que nacieron grandes, de parto natural, sin anestésicos, analgésicos o ayuda alguna para soportar el dolor, ¡doña Arminda seguía siendo una luchadora!


Tras ser dada de alta, llegó a casa sonriente, con un par de bultitos envueltos apretadamente en sendas cobijitas. Tras ella venía un desencajado don Ray, que todavía no terminaba de digerir la doble responsabilidad que ahora tendría. Y así fue: las enfermedades se presentaban por partida doble; uno de ellos estuvo al borde de la muerte mientras la Chechy sólo miraba el alboroto, calladita desde su cuna. La cama matrimonial quedó rodeada de cunas en sus tres flancos. A veces terminaba doña Arminda exhausta, boca abajo en la cama, empujando una cuna con cada pie y la otra con la mano. Había siempre un radio prendido, "para que se acostumbraran al ruido".


Crecieron entre cerros de pañales que no se secaban en la helada Nogales; había que ponerlos frente al calentón. Amanecían mojados hasta la nuca y cambiarlos con cuidado de que no se enfriaran era una tarea que ocupaba una hora por las mañanas. Y todos estábamos encantados, empezando por doña Arminda y don Ray. La casa era un hormiguero llena de risas, bromas y uno que otro llanto.


Con personalidades totalmente diferentes, optaron cada uno por la profesión que más se adecuaba a su carácter. Francisco -el Caco- se convirtió en arquitecto y Fernando -el Tana- se decantó por la Administración de Empresas.


Ahora los dos son empresarios de éxito, padres de familia y miembros destacados de la sociedad, Francisco en Ensenada y Fernando en Hermosillo. Son músicos de corazón y les encanta el golf. Son padres amorosísimos y buenos maridos, al decir de  Marthita y  Thelma, sus respectivas esposas... y son felices. Doña Arminda y don Ray pueden estar satisfechos.


martes, 25 de noviembre de 2014

La Papú

Es la hermana más pequeña de doña Arminda. Fue algo así como el pilón de una familia de siete, todos con fuertes personalidades y mucho talento musical. Doña María, la mamá, educada por sus padres en el más puro estilo tradicional, pensaba que el papel de las mujeres era atender a los varones y así lo impuso también en su propia descendencia. Las tres hermanas debían respeto y sumisión a sus cuatro hermanos. Doña Arminda no tuvo mucho problema con esto, pues al ser la mayor, se casó pronto y salió del ámbito familiar. La segunda, María Elena, también se casó pronto y se libró de esa carga... fue a la Papú, muchos años más chica, a quien le tocó lidiar con esa cruz. Dueña de una belleza extraordinaria, recibía halagos y atenciones al por mayor, pero eso no impedía que tuviera que mover catres y atender hacendosa a sus hermanos... situación que nunca aceptó del todo y la convirtió en una defensora convencida de la igualdad de género.


Empezó a trabajar muy jovencita y destacó por su gran sentido de responsabilidad y capacidad de análisis. Estas cualidades le llevaron a entregar su corazón y su vida a un hombre extraordinario en todos los sentidos, Carlos, un atractivo abogado dueño de una inteligencia superior, idealista y de gran generosidad. Juntos formaron una familia unida, que los han llenado de nietos y los han convertido en los típicos abuelos que, orgullosísimos, no dudan en presumir sus increíbles hazañas.


Su casa ha tenido las puertas abiertas a cada miembro de esta gran familia que, en diferentes momentos ha necesitado de su apoyo. Han sido padres sustitutos para la mayor parte de sus sobrinos y con amor, han dado cobijo en navidades y celebración de fechas especiales a quienes pasan por un momento de vulnerabilidad.


A la Papú, su gran sueño de sanar enfermedades del cuerpo y alma, la ha llevado a investigar con denuedo todo tipo de síntomas y métodos terapéuticos. En su momento ocupó un cuarto de su casa a recibir a familiares que atendía encantada. Así ha ido adquiriendo equipo de diagnóstico y curación que ha instalado en su flamante oficina/consultorio en donde se le puede ver feliz y realizada.


Los García de León les reconocemos a los dos su gran solidaridad y amor y desde el fondo de nuestro corazón les decimos ¡GRACIAS!, así con mayúsculas. Han sido una bendición más en nuestra vida.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Nuestro Germany


Siempre fue un buenazo: soñador, iluso y un poco ingenuo. Le encanta hablar de sus proyectos y sus experiencias y, a pesar de que ha viajado por buena parte del mundo, sigue asombrándose y se maravilla con cada rareza o vivencia que considera fuera de lo común.
Fue el número siete entre los hermanos y sufrido receptor de la vocación carrillera de los mayores. Quedó hecho "sándwich" entre los mayores y los más chicos; no encajaba de lleno en ninguna de las dos categorías. Estudió su carrera en otra ciudad y eso le ayudó a forjar su personalidad.
Cuando doña Arminda se durmió para siempre, la familia en pleno se trasladó a Mexicali. Fue un cambio radical, venían de una casa muy grande, en donde siempre estaban las puertas abiertas, aun en la noche, donde siempre había gente circulando, en un entorno familiar, con miles de amigos; con mamá, papá, abuela, un piano, guitarras, música y carcajadas; en donde no faltaba comida caliente y en cantidades abundantes para todos, incluyendo familiares y amigos. En Mexicali, pasaron a vivir a una casa de fraccionamiento, donde había que usar la llave para abrir la puerta. Ya no había ni mamá, ni abuela y la comida había que prepararla. La salud de don Ray, se deterioró a pasos agigantados y, de repente el Germany pasó a ser el hermano mayor, con responsabilidades muy ajenas a lo que hasta ese día había sido su vida.
Su descontrol fue muy grande. Tenía trabajo formal por primera vez en su vida;  una familia de cuatro hermanos menores y un papá que también cargaba en esos momentos con la confusión y caos que le produjo ese cambio tan drástico en su vida. Los roles no estaban definidos, había que ir probando nuevas formas de funcionar como familia y gran parte de esa responsabilidad recaía en el Germany que, azorado pensaba que ya no le dolía lo duro sino lo tupido.
Con el paso de los meses fue estabilizándose y enfrentó la pérdida de don Ray, quien había sido la cabeza de la familia. Ahora le tocaba a él la responsabilidad de ese hogar y, aunque contaba con el apoyo irrestricto de sus hermanos mayores, todavía quedaban en casa cuatro hermanos solteros, la menor de ellos de tan sólo 17 años.
Fue por esas fechas que conoció a quien ha sido su compañera, su cómplice, su ángel, su cruz... Teresa,  la Güera; una mujer con gran personalidad que ha sido el complemento ideal en su vida. Es su esposa, mamá de sus tres hijos y su único, gran amor.
Ahora es todo un señor. Empresario exitoso, músico de corazón y padre y esposo amorosísimo. Vive en Ensenada, lejos de sus hermanos y saborea hasta el último minuto en las reuniones multitudinarias que organiza la familia dos o tres veces por año.
Es muy buen esposo, muy buen padre, muy buen hermano... puede sentirse satisfecho. Es un tipazo... es nuestro Germany.

martes, 11 de noviembre de 2014

Para los Demás

Esta familia, a la que tenemos la suerte de pertenecer, es especial en muchos aspectos:


Somos muchos -y tendemos a crecer, en número, en medidas y en años-, y buscamos estar juntos, en las buenas, con pachangas de antología, y en las malas, haciéndole "casita" a quien esté pasando por un mal momento.


Los lazos que nos unen son profundos lazos de amor; de un amor que no pone condiciones a pesar de la gran variedad de personalidades, defectos y virtudes de sus integrantes. "Lo que le pasa a uno de nosotros, nos pasa a todos", es la máxima que nos define como familia y nos mantiene bien alejados de ese monstruo enorme y cruel, que es la soledad.


Pero todo esto no es obra de la casualidad ni surgió en forma espontánea. Viene de bases sólidas que nos dieron los dos pilares que iniciaron esta estirpe: don Ray y doña Arminda.


Sus once hijos y algunos de sus nietos, convivimos con ellos; compartimos su amor en vivo y nos impregnamos con ese "algo" especial que se sentía en nuestra casa. No se cómo definirlo... sólo se que te abrazaba, te envolvía y te hacía sentir como imagino se sentirán los bebés en el vientre materno, seguros y confortados. Hasta los pleitos entre nosotros eran entrañables y, frecuentemente, pasaban a formar parte del anecdotario familiar que salía en las reuniones entre grandes carcajadas.


Los demás, los que no tuvieron la suerte de conocerlos en persona, que no convivieron directamente con su amor, sólo han oído su historia y disfrutan ahora su herencia de solidaridad y unión entre nosotros.


Para ellos, para que sientan lo valioso de nuestras raíces  -sus raíces-, va este pequeño compendio de vivencias: nuestra historia. Son Ustedes, como todos y cada uno de nosotros, parte de este clan, de este entorno de amor con el cual fuimos bendecidos.


Nos toca darle gracias a Dios. A don Ray y doña Arminda también nuestro profundo agradecimiento; estoy segura que desde allá, en donde estén se sentirán muy orgullosos de nosotros y estarán acompañándonos en todas nuestras aventuras, peripecias y metidas de pata que son muchas... no en vano somos parte de esta cosa rara que es nuestra familia, de esta cosa rara que somos los García de León.



sábado, 11 de octubre de 2014

El amor de mi vida

En mi ya larga vida he amado a muchos hombres, de muchas formas diferentes: a mi papá, con respeto, admiración y después, en la adolescencia, con rebeldía.... a mis hermanos, al principio con una perenne competencia y ahora con solidaridad y reconocimiento... más adelante, al hombre con quien me casé, con un amor romántico, destinándole el papel de príncipe de un cuento de hadas... y algún otro amor que el destino ha puesto en mi camino.


Todo eso me preparó para vivir el más grande amor de mi vida. Uno que no está sometido al quehacer de cada día; uno que no me importa si me ama de regreso o si me lo demuestra. Uno al que puedo dejar vivir su vida sin cuestionamientos. Un AMOR, así, con mayúsculas.


Es un hombre extraordinario. Mis ojos se llenan de luz cuando lo veo llegar y siento que mi pecho estalla de alegría cuando lo oigo decir: "hola abuela".

miércoles, 8 de octubre de 2014

Como húngaros

El trabajo de don Ray le exigía cambiar frecuentemente de ciudad de residencia. Eso no hubiera significado mayor problema para una familia normal, con un papá, una mamá y a los mejor tres o cuatro hijos. Pero mi familia no era para nada así: había un papá, una mamá, una abuela, once hijos y hasta un perro. Había un montón de colchones cubiertos de lamparones de penetrantes aromas, sillas desiguales, un trastero color amarillo muy claro, con incontables capas de pintura, un juego de sala de color indefinido, un viejo refrigerador con esquinas redondeadas y una estufa, veterana gloriosa de incontables batallas.


Todo eso iba a dar a un vagón de ferrocarril que lo transportaría a la próxima ciudad, mientras nosotros nos trasladábamos felicísimos en la vieja camioneta de don Ray a correr una nueva aventura, en otro lugar, con nuevos amigos, en una nueva escuela. Recuerdo vívidamente cómo la sufrida camioneta "vomitaba" chamacos frente a la que sería nuestra casa. La adrenalina nos recorría el cuerpo mientras revisábamos los espacios, gritando "¡aquí voy a dormir yoooo!", antes de que interviniera doña Arminda a poner orden con calma y dulzura infinitas.


Vivimos en Cd. Obregón, Guaymas, Empalme, Cananea, Nogales y Hermosillo. En cada una de esas ciudades nos cambiamos al menos dos veces de casa, ya que era sumamente difícil conseguir en renta una casa para semejante familión. Don Ray rentaba alguna -probablemente no era la ideal, pero lo aceptaban con su enorme tropa-, y después, con calma, buscaban otra vivienda más adecuada. Cada uno de esos cambios significaba para nosotros un feliz episodio, un nuevo comienzo. Los muebles aparecían como por arte de magia en el nuevo hogar y empezaba la rutina de detectar entre los vecinos, chamacos con edades afines. Para nosotros era una aventura... ahora pienso lo estresante que debían ser esas andanzas para nuestros padres... y nunca lo resentimos.


Contaba don Ray que, en una ocasión, en Nogales, el cambio de casa coincidió con un viaje que tuvo que hacer al sur del Estado. En esos días se atravesó una tromba que incomunicó a la fronteriza ciudad, en donde se acumularon varios pies de nieve. La mudanza apenas había llegado, la casa no contaba todavía con calentones y el frío era devastador. Don Ray no podía regresar y rabiaba impotente imaginando cómo estaría su familia. Consiguió por fin pasar en un "motorcito" y desesperado, imaginando mil escenas terribles, llegó a la casa para encontrarse a todos sus retoños confortablemente dormidos en la cocina. La estufa despedía un delicioso olor a pan recién horneado, preparado por una apacible doña Arminda, quien se sorprendió al notar la angustia de don Ray.


Muchas personas pensarían que éramos "como húngaros". Nosotros fuimos felices: más unidos, más llenos de amor y más conscientes de la suerte que tuvimos de contar con dos extraordinarios pilares en nuestra familia. ¡Buen trabajo, queridos viejos!

sábado, 4 de octubre de 2014

La Garris

Si te quieres imaginar a la Güera, de seguro te vendrán a la mente, sus ojos azules llenos de chispas y sus risa súper contagiosa. Pocas personas conozco con el espíritu tan positivo; tan fiesteras, argüenderas y animosas. Convive encantada con gente de todas las edades, sobre todo con los jóvenes, empezando con sus tres retoños, que observan sus barbaridades con diversión, tolerancia y disimulada admiración.


Dentro de los siete hijos de doña Nela y don Joaquín Paniagua, la Güera se distinguió por su ingenio y, a veces, también por su genio. En una ocasión, jugando con su hermana, calificó de "garraleta" al entonces novio de ésta, quien también posee un agudo sentido del humor. Esa anécdota se sigue narrando en la familia, en medio de fuertes carcajadas y le ganó, desde ahí, el apodo de "la garris".


A jalones y estirones ha sacado a sus hijos adelante y no recuerdo haberla visto derrumbarse o tirar la toalla. Sus hijos mayores ya rebasaron su estatura, aún cuando ella es muy alta y su única hija mujer, la más pequeña, es un sol de criatura; toda dulzura y amor.


Hace dos años sufrió una de las más grandes pérdidas de su vida: la muerte de Roberto, su hermano mayor, su ídolo. Pero al igual que su mamá, mostró una fortaleza extraordinaria y se ha dado a la tarea de servir de pilar emocional a Martha, su viuda. Juntas han vivido emocionantes experiencias.


Es Sandra, "la Garris", una de las personas que yo más admiro y respeto por su entusiasmo y su temple. ¡Salud amiga!

sábado, 27 de septiembre de 2014

¡Martha!!!

La voz de don Ray diciendo con tono lúgubre "¡Martha, son las seis A M, repito, son las seis A M!" se escuchaba todas las mañanas y seguía repitiéndose cada minuto hasta que un chillido: "¡papáaaaaaaa ya te oíi!, le indicaba que su misión de despertar y molestar a su hija estaba cumplida. Sonriente, volvía a la cama mientras en el cuarto de sus hijas empezaba el trajín.


Era Martha, "Maty", "la Chore", la sexta descendiente de don Ray y doña Arminda. Un torbellino que no paraba de hablar en todo el día; trabajaba, estudiaba, cantaba, y se reía de todo. Era medio hippie y tenía montones de amigos. Era una contumaz enamorada del amor.


Muy jovencita dejó el nido paterno para cursar los estudios superiores en otra ciudad. Fe difícil y muchas veces le asaltaba el deseo de regresar a los brazos apapachadores de sus padres, pero terca y decidida, superaba los obstáculos. Por ese tiempo conoció a quien sería su esposo y padre de sus dos hijas. Se recibió de psicóloga y se estrenó como madre casi al mismo tiempo.


Por muchos años vivió lejos de sus padres y hermanos, pero siempre mantuvo un fuerte lazo de amor y comunicación con todos ellos. La muerte de doña Arminda primero y de don Ray después la devastaron y acrecentaron su deseo de retornar a sus raíces, cosa que finalmente logró y se asentó satisfecha como parte importante de una de las empresas familiares.


Hoy, con sus hijas yendo y viniendo por diferentes países, vive feliz su libertad de mujer adulta. Su expresión radiante y su físico envidiable provocan siempre el mismo comentario : "¡qué bien se ve esta canija!". Su sonrisa se acentúa y su mirada brilla como cuando estaba jovencita. Vuelve a estar enamorada...eternamente enamorada del amor.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Si te quiero es porque sos...


Es intelectual, cuenta con Maestría y Doctorado y sus alumnos de la Universidad de Sonora la consideran una catedrática respetable y muy capaz. En la actualidad, funge como Vicerrectora de la máxima casa de estudios en el Estado. Su trayectoria laboral ha sido muy sólida y consistente.


Pero para quienes tenemos la suerte de estar cerca de ella, su característica principal es su intenso, agudísimo sentido del humor. Su presencia en las reuniones familiares es sinónimo de carcajadas. Hay ocasiones en que definitivamente no se puede hablar, sin que saque un comentario chusco tras otro, que te mantienen tirado de la risa. Esta imagen queda muy lejos de la docente conspicua... toda una incongruencia, pues.


Desde niña llamó la atención por su sonrisa que le subía hasta los ojos. Afortunadamente no siguió el  ejemplo de su hermana mayor -una soñadora incurable- y mantuvo siempre los pies bien puestos en la tierra. Al crecer se convirtió en una hermosa jovencita, candidata a reina de su escuela y excelente estudiante. Sólo se enamoró una vez y para siempre, de un hombre fuera de lo común: peleonero, inconformista, imperturbable y con un enorme corazón que entregó por completo a quien ha sido su gran amor. Son una de esas parejas que te reconcilian con la idea del matrimonio para toda la vida.


Entre embarazos y cuidado de su casa y su familia, cursó sus estudios de postgrado. Era común verla cargada de libros en un brazo y un bebé en el otro. Circulaba por toda la ciudad en un sufrido Volkswagen blanco, que a duras penas alcanzaba la velocidad de 80 km. por hora y presumía orgullosísima que en alguna ocasión le levantaron una infracción por exceso de velocidad. Su ejemplo ha permeado a la siguiente generación y así, sus tres hijos han resultado estudiantes extraordinarios también. El menor de ellos, J.A., es además, un virtuoso de la música.


Hoy tiene agenda llena. Sus actividades en la Vicerrectoría de la Universidad de Sonora la mantienen ocupada buena parte de su tiempo, pero en las reuniones familiares, sus puntadas siguen haciendo las delicias de todos. Y puedes darte cuenta de que sigue ahí la mirada amorosa a "su amor, su cómplice y todo" con un claro mensaje: "si te quiero es porque sos..."







martes, 2 de septiembre de 2014

Nuestras Navidades

No sé en donde empezó la tradición, pero recuerdo que ya en el año de 1955, cuando nació mi hermana justo el 24 de diciembre en la noche, llegó el santoclós a la casa de las tías,  arrastrando un saco enorme de juguetes para todos nosotros y una bicicleta de dos ruedas para mi hermano mayor. La tradición de que santoclós entregara los juguetes a todo el "chamaquero" debía venir de tiempo atrás.


Y es que no éramos sólo nosotros; estaban los primos, tíos, amigos, abuelos, en fin, una multitud. La familia siempre fue muy numerosa. Por la década de los 60s los hermanos de doña Arminda se fueron casando y teniendo descendencia; cada vez éramos más niños quienes esperábamos temblando de miedo el sonido de la campanita, que nos avisaba que ahí venía el personaje vestido de rojo. El traje era impecable, pues mis tías eran excelentes costureras, pero llevaba una máscara tiesa, de cartón o de yeso y los ojitos de quien estuviera bajo el disfraz brillaban detrás de ella. Era aterrador cuando sacaba un regalo y decía: para.... El niño aludido debía arrodillarse, santiguarse y recibir el regalo, a veces acompañado con alguna amonestación "y no le pegues a tu hermanito", lo que nos dejaba atónitos: ¿cómo supo?


El centro de todo este movimiento eran mis abuelos maternos, Machica y Pachico. Desde días antes empezaban las tías a preparar los tamales, frijoles, el "guajolote", los "bizcochuelos y cortadillos" y una gran variedad de delicias. Mi tío traía un pick up con un piano a cuestas que aporreaba toda la noche y Pachico nos sentaba a todos los nietos bajo de una enorme ceiba que había en el imenso patio y nos contaba cuentos. El resto del tiempo correteábamos sin cansancio. Los adultos esperaban emocionados al tío compositor, que llegaba desde México y los niños esperábamos ansiosos al gordo de rojo que llegaba desde el cielo.


Cuando crecimos, la fiesta se trasladó a la casa de don Ray y doña Arminda. El santoclós ya no traía máscara, sólo barbas de estambre blanco y el traje era un desastre, confeccionado por mi hermana y por mi, que no nos destacábamos como costureras. Muchas veces se nos olvidó el cinturón negro y teníamos que improvisar con un cinto de don Ray, con lo que el pobre personaje terminaba "acinturado"... deforme, pues... pero eso nunca nos detuvo. Ahora eran nuestros hijos los que temblaban con el sonido de la campanita.


Al faltar don Ray y doña Arminda, nuestro festejo grande se pasó al Año Nuevo y las navidades se festejan con las familias de los cónyuges de cada uno de los hermanos. El gordo vestido de rojo anda ahora aterrorizando a otros pequeños... y nosotros seguimos disfrutando en nuestros corazones de la tibieza de estos imborrables recuerdos.







sábado, 23 de agosto de 2014

Un grandote

Solía preguntarse por qué las personas, al describirlo, no mencionaban alguna característica suya -de preferencia, alguna virtud- y siempre iban a parar a donde mismo: "un grandote".... y es que sus casi dos metros de estatura opacaban cualquier otra descripción.


Fue el mayor de los once hijos de don Ray y doña Arminda. Fue también el primer nieto, el primer sobrino, el esperadísimo primer bebé en ambas familias y recibió la adoración absoluta de cuantos lo rodeaban. A las tías se les llenaba la boca para hablar de "Raymundito" (Chamundito), diminutivo que muy pronto le quedó chico.


De jovencito causaba furor entre las féminas. Recuerdo que yo apenas entraba en la adolescencia y me desconcertaba ver que algunas de las jóvenes más bonitas y populares buscaban ansiosamente mi amistad. No había tema de conversación, sin embargo me buscaban con afán... ¡Era la hermana del Chamundo!


Muy inteligente y con tendencia a pensar -y esperar- lo mejor de las personas, ha tenido una vida rodeado de amor. Soñador irredento, encontró su exacto complemento en una mujer con los pies muy bien plantados en la tierra... su gran amor... su esposa desde hace más de cuarenta años, la Carmelita.


Como empresario ha gozado de gran éxito y ha ido cumpliendo uno a uno sus sueños. Sólo lamenta el no poder compartir con sus padres todo lo bueno que la vida le ha brindado. "Se fueron demasiado pronto" -comenta. Su hijo le regaló por su cumpleaños número sesenta, algo que ni siquiera se había atrevido a soñar: el grabar un disco, junto con algunos miembros de su familia, en el mismo estudio en el que grababan Los Beatles: Abbey Road y con el mismo ingeniero de sonido, además. El disco quedó fantástico, pero la experiencia fue inolvidable...extraordinaria en todos los sentidos.


Y todavía sigue siendo el centro de las frecuentes reuniones familiares. Mimado y apapachado por grandes y chicos, canta, toca el piano y la guitarra...disfruta de la comida y le encantan los buenos vinos. Avalado por su excelente memoria,  cuenta anécdotas -a veces inventadas- que cautivan a su auditorio y sale con una broma incongruente si se le descubre alguna inexactitud, provocando grandes carcajadas.


Amoroso y agradecido por todo el amor que recibe, es un ser lleno de luz. Dios lo bendiga siempre.

domingo, 20 de julio de 2014

El inicio

Ella fue la mayor de siete hermanos. Nació en un poblado pequeñito, dedicado a la minería, en la sierra sonorense. Su papá, don David, era un hombre alegre, soñador y muy bueno para contar cuentos. Su mamá, doña María, al contrario de don David, era aterrizada, resongona y llena de amor. Los dos guapísimos, con mucho de eso que los cronistas del siglo pasado denominan "clase".

Viniendo de familias tan agraciadas físicamente, doña Arminda, "la Mindita" fue dueña de extraordinaria belleza. De carácter alegre, bromista, con una inteligencia muy arriba del promedio y una voz privilegiada, la Mindita fue el centro de adoración de sus tías, padres y hermanos. Amaba y se sabía amada, para ella era natural.

El nació en un pueblo de la costa de Sinaloa, cuya mayor actividad era el ferrocarril y, en menor grado, la pesca. Su padre, don Raymundo, un hombre alto, impresionante, descendiente directo del marqués de Rayas -personaje ligado a la independencia de México-, murió cuando su hijo contaba apenas con tres años de edad. Su mamá, doña María, una mujer fuerte, luchadora incansable, llevó su viudez con honda tristeza y tuvo que armarse de valor para sacar adelante a sus dos pequeños hijos.

Creció rodeado de abuelos y tíos, todos ocupados en sus propios asuntos y desarrolló una gran inseguridad que sólo fue vencida cuando a los 16 años empezó a trabajar en el ferrocarril y en pocos años, se llevó a vivir con el a su madre y hermana menor. Alto, guapo, con una personalidad arrolladora, provocaba suspiros entre las jovencitas. Cantaba fuerte, tocaba la guitarra y sus carcajadas sólo eran superadas por su gran corazón y enorme generosidad.

El destino quiso que el jovencísimo Raymundo fuera a trabajar unos meses al pueblo de la Mindita, quien era una niña; linda, pero sólo una niña. Enamoradizo como era, cortejaba a la Socorrito, prima de la Mindita, quien vivía a escasos metros de esta última. Nunca se dió cuenta del amor infantil que despertó en el corazón de aquella preciosa niña.

Cuando a la vuelta de unos años se supo en el pueblo que Raymundo regresaría a trabajar, con planta de telegrafísta en el ferrocarril, la Mindita, ahora una jovencita de belleza impresionante, decidió conquistar a quien había sido el amor de sus sueños. Dado que la casa en donde vivirían Raymundo y su familia podía verse desde su patio ya que estaba situada en una colina, río de por medio, la joven se dio a la tarea de montar guardia. Ella sabía que tarde o temprano, Raymundo haría el recorrido desde su casa, atravesando el puente, para llegar a la casa de la Socorrito...sólo que primero tendría que pasar por la suya.

No bien se instaló en su nueva morada, el joven, salió alegre rumbo al hogar de quien fuera su casi-novia. La Mindita no tuvo que hacer mucho: sólo le pidió a su hermanito David que tocara el piano, se puso un vestido azul que le sentaba de maravilla y se paró en la puerta de su casa, por donde necesariamente pasaría el despistado galán... Años después don Raymundo contaría que todo fue verla y caer fulminado con un amor que duraría para toda la vida.

Con el tiempo, ese amor que surgiera entre ellos, culminó en matrimonio...y fruto de ese mismo amor, nacimos once hijos. Ese es el inicio de nuestra historia.

miércoles, 2 de julio de 2014

El Secreto

Dice uno de mis hermanos que, en esta familia, las mujeres al hacernos viejas, no nos volvemos menopáusicas... nos volvemos esotéricas.
Y es que a medida que vamos soltando las responsabilidades de casa, hijos, escuelas, sobrevivencia, etc., tendemos a voltear hacia atrás y preguntarnos ¿eso es todo?... entonces empieza la búsqueda de temas, experiencias y sentimientos que puedan calmar a nuestro espíritu deseoso de hallarle otro sentido a la vida, algo que vaya más allá de lo cotidiano.
Al ser la mayor de las mujeres de mi familia, me ha tocado encabezar esa búsqueda, y así,  he pasado por grupos filiales a la Iglesia Católica, al Cristianismo, a la meditación trascendental, la metafísica, hipnosis, regresiones; cientos de lecturas y talleres. Cada uno de esos pasos los he vivido a fondo, con entusiasmo y entrega. Y cada vivencia me ha dejado algo entrañable; un pedacito de respuesta a mis constantes e interminables cuestionamientos.
Hace unos años, e una fiesta familiar, una muy querida amiga me dio -como de paso, sin darle mucha importancia-, un cd que contenía una película. "Está buenísima -me dijo- ojalá la veas". Se trataba de El Secreto, la Ley de la Atracción. La primera vez que la puse, me sorprendí roncando alegremente en los primeros diez minutos. Bueno -pensé-, esto va a ser un buen remedio para el insomnio. Pero, con mi terquedad tradicional, seguí poniéndola hasta que me di cuenta del mensaje: podemos alcanzar todos nuestros objetivos si los visualizamos con emoción y verdadera alegría, como ya conseguidos... el límite está en nuestra mente.
¡No lo podía creer! Me estaban diciendo que puedo tener la casa que quiero, las relaciones que quiero, la salud que quiero, el trabajo que quiero.... todo lo que yo quiera con sólo enviar mi petición al universo; creer firmemente que lo tengo al alcance de mi mano y disfrutar desde el fondo de mi corazón el bien solicitado, como si ya lo hubiera conseguido... ¡así de fácil!
Claro que primero hay que vencer los paradigmas fuertemente arraigados que nos han inculcado desde niños: "¡debes luchar hasta el sufrimiento para lograr lo que quieres!"; "¡confórmate con lo que tienes, no pidas más!"; "¡los ricos son malos!". Eso es lo difícil.
En mi afán por poner a prueba las enseñanzas vertidas en El Secreto he ido dando pasos pequeños, con resultados impresionantes. Cada vez me asombro más y cada vez disfruto más de los procesos. No se si sea realmente producto El Secreto, o de que me hago vieja... no lo sé. Sólo puedo afirmar  que nunca había disfrutado de tanta felicidad, tantos logros, tanto amor y por tanto tiempo...¿casualidad?

martes, 8 de octubre de 2013

Una experiencia inolvidable

Con inmejorable compañía inicié el viaje que hace tiempo venía planeando. Mi nieto y yo -ambos apasionados por la Historia-, salimos rumbo a Guanajuato con la ilusión de conocer la casa del Marqués de Rayas, ilustre antepasado nuestro y recorrer la Ruta de la Independencia, para que conociera en vivo los lugares que ha conocido sólo de nombre.

Con condescendencia escuchó las explicaciones que le di durante el vuelo de ida...estaba más interesado en lo que comeríamos en el aeropuerto de la cd. de México, mientras esperábamos nuestro vuelo a León. Pero a partir de que llegamos a Guanajuato, su carita se iluminó y empezaron las interminables preguntas. Desde el balcón de nuestro céntrico hotel, se veía la imponente estatua del Pípila: -"abuela, ¿cómo le hizo para cargar una loza tan pesada?"... "¿Vamos a conocer la Alhóndiga?"... "¿Por qué se llama alhóndiga?". Por fin logré que se durmiera... ¡y era sólo la primera noche...!

El día siguiente teníamos cita a las dos de la tarde con los directivos del Museo del Pueblo, ubicado en la que fuera la casa del Marqués de Rayas. Mi entrañable torturador me obligó a levantarme temprano y salimos a recorrer el centro histórico, la Universidad de Guanajuato, que está pegadita a la casa del Marqués, algunos templos, probamos las nieves y regresamos al hotel, a refrescarnos para estar listos para nuestra importante cita.

A las dos en punto llegamos al Museo, en donde nos estaban esperando. Nos atendieron con mucha deferencia e iniciamos el recorrido. La Casa es enorme, ocupa toda una manzana, casi toda la superficie está construida,  sólo cuenta con 6 patios interiores, la mayoría pequeños. Muchas áreas, que no están abiertas al público,  permanecen todavía con la decoración y los pisos originales. Nos estremecíamos de pensar que, en esos mismos espacios, acostumbraban a reunirse en tertulias don Miguel Hidalgo, Aldama, Allende, Abasolo y los Corregidores de Querétaro. Seguramente ahí mismo se planearon algunas acciones de la lucha de Independencia, ya que el Marqués fue mecenas importante de esa gesta heroica. Terminamos en el despacho de la Directora del Museo, donde nos platicó de los fantasmas de la Casa. Quedamos con la tarea de buscar su lápida.

El día siguiente lo ocupamos en hacer el tour por Dolores, San Miguel de Allende, Atotonilco, visitando museos y sitios  históricos. Mi compañero seguía preguntando y a veces, haciendo gestos de asombro, cuando algún guía se equivocaba con los datos.

Terminamos nuestro viaje recorriendo el Templo de San Diego en donde -según mi nieto investigó en internet-, se encuentra la lápida del Marqués. Yo ya me había dado por vencida cuando me dijo: "¡abuela, lo encontré!". Estaba debajo de unas bancas en la capilla lateral. Era una lápida más grande que el resto con una inscripción llena de ternura, admiración y amor de su viuda e hijos. Eso habla mucho de la personalidad generosa y humanitaria del Marqués. Por toda la ciudad de Guanajuato se encuentran huellas de sus obras: hospitales, hospicios, conventos, colegios y hasta la presa de La Olla, fue financiada en gran parte por su padre y por el.

Fue un viaje intenso. La visión de los hechos desde la inocencia de sus 12 años, habrá de permanecer en la memoria de mi nieto. Yo me quedo con  la emoción manifiesta en sus grandes ojos. Y muy agradecida además, por la oportunidad de compartir con el esta experiencia.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Doña Nela

Tiene 84 años, pero la energía de una quinceañera. Nada dos kilómetros todos los días y se niega a salir de la alberca por las escaleras: se impulsa con sus brazos fuertes y sale alegremente ante el asombro de los que la rodean. -"Hay personas que no tienen ni 70 años y necesitan la escalera para salir" -murmura con aire de reproche. Antes que salga el sol, ella sale cada día y maneja hasta donde se encuentra la alberca. Ha ganado varias competencias. Ve perfectamente normal que una persona de su edad maneje, nade, viaje, cocine, juegue, baile, cante y se mantenga guapa.

Vive rodeada de hijos, nietos, sobrinos y agregados culturales. Todos los miércoles invita a comer a su familia -36 gentes- y se luce con el menú. Para grandes y chicos el miércoles es sagrado. La comida en casa de la abuela es una de las tradiciones más sagradas. Sin ayuda o con muy poca, hace la compra, cocina, hornea y al terminar, levanta el subsecuente desorden: cerros de platos, vasos y sartenes.

Es alegre, mete reglas, rezonga...pero con su energía increíble nos deja atrás a la mayoría. Le encanta viajar y lo ha hecho por todo el mundo y sigue programando cuando menos un viaje largo al año. Vive llena de planes y los disfruta y lleva a cabo con entusiasmo.

Adoptó a mi familia cuando faltaron nuestros pilares. ¡A todos!....agregó cerca de 60 miembros a su ya de por sí numerosa familia. Soledad es una palabra ajena en su vocabulario. Siempre hay alguien con ella llenándola de amor, el mismo que ella reparte sin medida.

Es una bendición ser parte de su entorno. Compañera de viajes, de trasnochadas frente a una rica copa de tequila, de cantadas con el mariachi, de intercambio de recetas de cocina...es un ejemplo para todos. Es un espíritu muy grande. Nuestra máxima ambición es parecernos un poco a ella, aunque sea en algunos aspectos. Un reto difícil de lograr...  Mientras, la disfrutamos... ¡vaya que la disfrutamos!

miércoles, 28 de agosto de 2013

Mis sueños

Hoy se cierra un ciclo. Hace diez años iniciamos -mis dos hijas y yo-, una empresa cuyo único capital estaba formado por los sueños, el entusiasmo y las ganas de trabajar de tres mujeres que,  muertas de miedo, se apiñaban en un cuarto de lavado, con un par de mesas largas y  cuatro sillas de plástico.

Fue un inicio de cero, literalmente. No teníamos ni siquiera claro el producto que trabajaríamos. No contábamos con herramientas que facilitaran nuestra definición de negocio y pienso que en esos momentos, sólo nos salvó nuestra gran necesidad de salir adelante y el sentido del humor que asomaba cada vez que las cosas se ponían difíciles; así, nació "el bipolar" -un cliente especialmente complicado-, la expresión "¿así me voy, así?",  o "ya le ije, señoda",  frases inolvidables, producto de el incipiente lenguaje de mi nieto de dos años, que era parte del personal, una parte muy refrescante por cierto.

A trompicones, la empresa sobrevivió y encontramos un nicho de actividad muy noble que nos permitió mantener un crecimiento sano y consistente. Como enviados del cielo entraron a reforzarnos mis hermanos, Javier, el Tono y la Chechy, con asesoría y algo de financiamiento, lo que detonó el despegue de nuestra compañía, que pasó de ser micro a pequeña y mediana empresa.

Hoy, después de diez años, tenemos presencia en nueve ciudades de Sonora y en los cuatro municipios de Baja California. Ya pintamos en el panorama económico y forjamos un patrimonio que queda en manos de la mayor de mis hijas, quien ha estado a la cabeza en los últimos años. Mi labor con ella aquí se termina.

Ahora, la que sigue: damos inicio a otra etapa de nuestra consolidación económica con la formación de una nueva empresa que trae las mejores perspectivas. Será un negocio que constituirá el patrimonio de mi hija menor y de su esposo. Su entusiasmo es contagioso y su trabajo muy productivo... por mi parte yo siento que casi termino mi tarea. Con el corazón lleno de amor hasta el tope, veo satisfecha que las dos vidas que el destino puso a mi cuidado, se encaminan firmemente hacia el éxito. Pido a Dios que también las llene de felicidad y, sobre todo, de AMOR, así con mayúsculas.

Espero, en unos pocos años más, retirarme por completo a la casa de mis sueños, con muchas plantas, mucha luz y mucha música; una buena pensión que me permita vivir con tranquilidad el resto de mis días y dedicarme a escribir, pintar, cocinar, a aprender a tocar la guitarra, a disfrutar de mis seres queridos....en fin un sueño ideal, pero muy alcanzable, espero. Todo es cuestión de que no pierda el rumbo... a mis sesenta años debo tratar de no perder el rumbo... no debiera ser tan difícil, ¿no?

lunes, 12 de agosto de 2013

La Chita, mi prima

Desde siempre, mi vida ha estado ligada a una mujer admirable en todos los sentidos: la Chita, mi prima. Es solo dos años mayor que yo, pero desde que tuve uso de razon se convirtio en mi referente y en el objeto de mi admiracion incondicional. Aunque se divertia como enana metiendome constantes sustos que me dejaban temblando y jurando que nunca mas volveria a caer en sus bromas, era muy grande la tentacion de estar a su lado; ella tenia decenas de muñecas, sabia de artistas, se vestia divino, tenia un cabello impresionante, largo y brillante; conocia a todo el mundo, cantaba, tocaba el piano... en fin, era todo lo que cualquier niña, adolescente o jovencita podria soñar. Y era feliz. Sus padres, abuela, hermano, primos amigos...todos girabamos en torno a ella.

Asumiendo su rol de "hermana mayor" guio mis primeros pasos hacia la adolescencia. Pinto mis labios por primera vez y me puso rimmel en las pestañas. Con ella fui a mi primer baile despues de que paso horas tratando de convencerme de que a los bailes no podia llevar calcetas escolares. Juntas nos pusimos nuestros primeros zapatos de tacon y salimos a dar la vuelta y a vivir la experiencia de nuestro primer piropo callejero, cortesia de un desconocido que conducia una vieja bicicleta. Fue la primera vez que nos decian algo asi...nos temblaban tanto las piernas que apenas pudimos regresar a la casa, ruborizadas y sonrientes.

Su mundo color de rosa se vino abajo a sus 17 años, cuando murio su mama, que era el pilar de aquella familia. Y para confirmar la regla que dice que las desgracias nunca llegan solas, su vida empezo a brindarle una tristeza tras otra. De repente se vio en medio de una voragine de acontecimientos fuera de todo control y tuvo que sacar la casta. Aquella muñequita fragil y sobreprotegida dio paso a una gran mujer, ejemplo de entereza y de valor. Asumio las circunstancias que la vida le presento con la cara muy en alto.

Luchadora incansable, mujer trabajadora, tras pasar buena parte de su vida adulta en una oficina acumulando logros y reconocimientos, por fin se jubila. Hoy los ojos le brillan mas que nunca y su sonrisa caracteristica es ahora mas amplia y constante. Es feliz.

Ha sido la mejor hija, la mejor madre, la mejor abuela que alguien pueda tener. Para mi, la mejor prima, la mejor hermana. Me faltan palabras para agradecerle su ternura, su solidaridad, su amor. Mi admiracion por ella crece cada vez mas...¿como decirselo?

sábado, 13 de julio de 2013

La Choya

Cuando don Ray y doña Arminda, -tras haber completado la decena de retoños-, pensaron que ya habían terminado con pañales, papillas y visitas urgentes al pediatra, un sábado en la mañana, en la sala de su casa, recibieron la visita de nuestro médico familiar.

Mi hermano mayor y yo nos habíamos quedado semi escondidos detrás de una mampara cuando vimos llegar al galeno, asustados por aquella visita inusual y el gesto serio de nuestros padres. ¿Estarán enfermos? -nos preguntábamos-, y un poco temerosos nos dispusimos a oír. Don Ray y doña Arminda se sentaron en el sillón grande, muy juntos, y el doctor se sentó en el sillón individual, frente a ellos. La tenue luz de un cielo nublado entraba a través de la persiana de la sala. Era una escena casi surrealista, que culminó con la voz del médico diciendo ¡Felicidades!  .... ¡¿felicidades??!  ... ¿vamos a tener otro hermanito?. Mi hermano y yo nos volteamos a ver sonrientes, pero de repente nos cayeron encima las circunstancias: Don Ray cumpliría 50 el año siguiente y doña Arminda pasaba de los 40... ¿no es peligroso? nos preguntamos y sólo atinamos a ver sus caras serias. De seguro sus temores eran los mismos... y tenían 10 hijos que los necesitaban también.

Cuando pasó la sorpresa, llegaron los sentimientos encontrados: mi abuela paterna que acababa de ver morir a su única hija mujer, aseguró que sería una niña y se llamaría María Aurora, como mi tía fallecida. La mirada de doña Arminda, que siempre fue muy dulce, empezó a brillar llena de amor. Los hermanos mayores sentíamos un poco de pena al anunciar a nuestros amigos que mi mamá estaba embarazada. ¿Cómo manejas eso a los 17 años?

Por fin llegó el momento del parto. Don Ray andaba de viaje y doña Arminda se tuvo que enfrentar a la histeria de todos nosotros. Yo quería que saliera corriendo al hospital si la veía pensativa y con la mirada perdida... ¡ya! le decía y ella me tenía que calmar con una sonrisa.  Todos los demás andaban por el estilo. Tuvo ella que disimular sus dolores, para que no le diéramos la lata... ¡ni que fuera primeriza!, decía.

Y nació María Aurora, la Yoya, nuestra Choya. Una bebé deliciosa, con carita de ángel. La casa entera se puso patas arriba. Don Ray estaba enloquecido con ella y mi abuela revivió con su sonrisa, volcando en ella toda su atención y todo su amor. Doña Arminda la veía crecer feliz con sus ojitos entrañables. Cada uno de sus hermanos tuvimos una vivencia especial con ella: algunos le tocaban el piano para que cantara, otros la guitarra para que bailara, otros más la sacábamos a pasear y la presumíamos orgullosísimos. A unos más y a otros menos, pero a todos nos cambió la vida.

Tuvo amor a borbotones y su infancia fue muy intensa. Entraba apenas a la adolescencia cuando perdió uno a uno los pilares de su vida: primero partió doña Arminda, seguidita de cerca por nuestra abuela y más adelante don Ray. Quedamos los 10 hermanos "haciéndole casita", pero estuvimos muy lejos de llenar el hueco que dejaron los que se habían ido. Vivió temporadas con algunos de nosotros y forjó su carácter firme, entregado y lleno de amor.

Ahora es madre de dos adolescentes que siguen sus pasos; esposa y cómplice de correrías del que ha sido el gran amor de su vida y una exitosa empresaria. Una mujer ejemplar, aunque todos la seguimos viendo como aquella chiquita entrañable: la Choya, nuestra Choyita.

martes, 28 de mayo de 2013

El Indito

Es fuerte. Tiene esa fortaleza interna que te da la impresión de que enfrenta las vicisitudes que se le presentan con gran entereza -tengo cara de palo- dice, pero tratándose de su familia y personas cercanas a su corazón, la cosa cambia: sufre como condenado, se encierra en su cuarto y, a veces, se enfurece y le da curso a su enojo haciendo un repaso de todas las palabras altisonantes que conoce y, una vez que termina con ellas inventa otras que considera adecuadas a la situación, ante las risas contenidas de quienes lo rodean.

En su enorme familia de 11 hermanos, le tocó ser el segundo y, para su mala suerte, quedó en medio de dos impulsivos soñadores incurables, y así, no le quedó más remedio que ser el aterrizado aunque apenas se daba abasto jalando a uno y a otra tratando de meterlos en cuadros de conducta bien estructurados que si bien podrían facilitarles la vida, no tenían ningun atractivo para aquéllos. Luego llegaron los demás hermanos, uno tras otro, y más adelante su esposa, hijos y nietos y ninguno parece encajar bien en sus cuadros, ante su impotencia y desesperación. Como acróbata de circo levanta a uno con las manos, a otro lo acomoda con una pierna mientras sopla para impulsar a uno más y con el rabillo del ojo ve como se va cayendo otro por allá y así corre para un lado y para otro mientras jura una y otra vez que nunca más se va "meter en esas broncas"....y sigue y sigue.

Fue desde jovencito muy formal. Compartía su cuarto con su hermano mayor -una calamidad andando-, y era un espectáculo ver esa recámara con una cama tendidita y cada cosa en su lugar sólo en la mitad del cuarto y una verdadera zona de desastre la otra mitad. Su inteligencia muy arriba del promedio y su enorme entrega al trabajo lo convirtieron en un hombre próspero y aunque tiene su vida resuelta, se niega a retirarse y sigue "metiéndose en broncas" y jurando una y otra vez que ya no volverá a hacerlo.

Tiene un gran sentido del humor y es un bromista incurable. Su pasión por la música lo hace el centro de entrañables sesiones de bohemia. En reuniones muy concurridas (cosa frecuente dada su cuantiosa familia) observa callado a todos, interviniendo esporádicamente, con bromas principalmente. Me gustaría saber lo que está pensando...tengo la impresión de que sus elucubraciones deben ser a menudo más entretenidas que la misma plática que se está desarrollando.

Pero su mayor característica es su generosidad, su gran corazón y su inagotable, enorme capacidad de amar. Su esposa, hijos, nietos, hermanos, familiares y amigos damos fe de ello. Yo, como muchos de los que lo rodeamos, no logré encajar en sus cuadritos, pero tengo la certeza absoluta que por más errores que cometa, el siempre va a estar ahi, respaldándome, apoyándome y cubriéndome con su amor incondicional. Un gran privilegio.... una bendición.

Igual, como siempre y con todo mi amor, te digo gracias chiquito, muchas gracias Indito.

jueves, 25 de abril de 2013

Un Precio muy Alto

Hace 40 años, en 1973, por requerimientos familiares de trabajo me fui a vivir a Chiapas, a Tuxtla Gutiérrez específicamente, pero me tocó viajar por todo el Estado durante los dos años que duró mi estancia en ese lugar.

Los chiapanecos en ese entonces, se sentían orgullosos de su independencia, decían que Chiapas fue el último territorio que se anexó a México "somos los mexicanos más nuevos" decían. De hecho, había muy poca injerencia del gobierno federal en esa zona. Tuxtla Gutiérrez, la capital, era una población muy pequeña: 13 calles de largo por 9 de ancho y algunas casas -muy pocas- fuera de este perímetro.

Había una gran cantidad de Chamulas, con sus atuendos típicos,  los hombres con sombreros cubiertos de listones de colores (cada color es un don) y traje de manta; las mujeres con falda larga, angosta, color negro, blusa blanca y faja roja. No era un disfraz para un festival, era su vestimenta normal, de todos los días. Tampoco se sentían diferentes, porque eran mayoría. Tengo la convicción de que ni siquiera se cuestionaban si eran "indígenas" o "población marginada", se limitaban a vivir su realidad llena de magia, de tradiciones, de sabiduría... y sus miradas, generalmente eran tranquilas. Los niños (los "pichitos") juntaban botes llenos de hormigas gigantes que salían con las lluvias y que eran un manjar delicioso para ellos. Muchas veces tocaron a la puerta de mi casa para regalarnos un puñado de estos insectos como muestra de aprecio. No conocían el término de "pobreza extrema", porque siempre había mangos y plátanos tirados, aparte de una gran variedad de frutas silvestres. Todos tenían su pequeño huerto que no necesitaban regar, pues las lluvias eran cuantiosas y el ambiente siempre húmedo. Abundaban también las iguanas y otros animales comestibles. En fin, comida sana no les hacía falta.

Claro que había malandrines, abusadores y vagos, como en cualquier sociedad, pero sus tradiciones eran sagradas y el respeto a sus autoridades morales, irrestricto. Había magia en el ambiente, lo que nos provocaba más de un sobresalto a los que desconocíamos sus costumbres. Esto les causaba mucha risa y hasta nos veían con cierta conmiseración...pobres ignorantes -debieron pensar de nosotros-, ¿cómo pueden vivir una vida tan frívola?.

San Cristóbal de las Casas era un pueblito pintoresco, habitado casi exclusivamente por chamulas, de mejillas chapeteadas y una forma de arrastrar las palabras que a mi me parecía deliciosa. El templo de San Juan Chamula era sacrosanto: oíamos hablar de el, pero por ningún motivo podíamos ni siquiera acercarnos. Era algo de lo que se hablaba en voz baja, de puro respeto.

Regreso ahora, por primera vez en 40 años. Tuxtla es una ciudad grande, igual de terrosa e impersonal que cualquier ciudad capital en México. Se devastaron las áreas de bosques en pro del crecimiento urbano. Hace calor, hay polvo donde había humedad y el color gris sustituye al verde exuberante. No vi listones de colores, sólo mujeres y niños pidiendo limosna o tratando de vender artesanias chinas por medio de la lástima.

Y San Cristóbal, con su clima siempre fresco, es hoy un bastión turístico internacional de izquierda. Muchas fondas y pequeños restaurantes típicos; algunos con fotos de encapuchados y frases de Marcos escritas en la pared. La vestimenta es uniforme: ropa holgada para hombres y mujeres; cabellos largos y descuidados y una insufrible actitud de superioridad ante la gente común y corriente que anda por ahí. De los Chamulas.... ¡nada!... ya fueron redimidos.

Nuestro guía nos llevó a visitar el Templo de San Juan Chamula. ¡No lo podía creer!, mediante el pago de una cuota mancillamos aquel baluarte de la mística Chamula, ante las miradas resignadas de los fieles que cumplian ahi con sus rituales. Así, nuestro grupo variopinto de turistas ignorantes pasó junto a una joven familia, que hincados en el piso tenían en sus brazos a una bebé muerta y otros más que no tenían más remedio que exponer ante extraños todo su dolor. Su dignidad, su gran orgullo fue doblegado cuando les hicieron ver que eran indígenas, que eran marginados, que el gobierno tiene una deuda eterna con ellos y que son pobres. Algo similar a lo que hicieron los conquistadores españoles con nuestra cultura autóctona...¡ahg!!!!

Los Chamulas, otrora coloridos, orgullosos y dignos son ahora muy escasos, pedigüeños y muy conscientes de su triste condición de indígena discriminado. Todo el Estado está plagado de letreros de los programas federales con que los que les etán haciendo el favor de beneficiarlos. Han perdido su identidad en aras de pertenecer al México civilizado de hoy. Un precio muy alto por tan escasa recompensa, creo yo.

martes, 9 de abril de 2013

Un Feliz Nacimiento

Otro ser ve la luz por primera vez en estos días. No es un bebé, pero ha sido esperado, deseado y cuidado en su gestación como si lo fuera. Se llama Indacovi y es la nueva y pequeñísima empresa de una pareja de jóvenes emprendedores, miembros de nuestra gran familia.

Indacovi fue primero un sueño, de esos que parecen imposibles. Muchas madrugadas los sorprendieron hablando del tema, de lo que harían y cómo lo harían; no había obstáculo que no pudieran vencer. Abrazados dejaban volar su imaginación y las maravillas caían como cascada frente a sus ojos ilusionados. Retribuirían con gran amor cada una de las cosas que con gran amor les fue dada. Crecerían juntos y en su momento, llenarían ese enorme espacio en sus vidas y en sus corazones con un bebé que llegará rodeado de amor; un bebé que será su primer hijo.

Eligieron como madrina a doña Arminda, la abuela adorada, con la seguridad de que desde allá en donde se encuentre, guiará sus pasos y cuidará que no cometan barbaridades -cuando menos, no muchas-....

Y por fin, tras una gran cantidad de horas dedicadas a la planeación, reuniones de trabajo con autoridades, especialistas y futuros clientes; estudios de mercado y proyectos de inversión, se constituye la nueva empresa: nace Indacovi.

Los pronósticos son excelentes, la actitud y el entusiasmo no pueden ser mejores. Hoy inician una nueva etapa en sus vidas. Mucha suerte Ale y Ulisses, son triunfadores y siempre lo serán. Desde aquí sólo puedo darles mi bendición y todo mi amor.

viernes, 15 de marzo de 2013

Carmen Alicia

No estaba loca, aunque la opinión generalizada es que tenía una fuerte tendencia a estarlo. Era alegre, exultante, jaranera y la opinión de los demás le tenía totalmente sin cuidado. Extremadamente impulsiva solía ser blanco de las bromas de sus compañeros de trabajo pues ante cualquier situación, primero actuaba y después pensaba... y si se equivocaba, alzaba los hombros y sacaba justificaciones bizarras, enmedio de grandes carcajadas.

La conocí en la década de los 70's, cuando llegó a trabajar a El Imparcial esgrimiendo orgullosa el Premio Nacional de Periodismo, que había recibido de manos del entonces Presidente, José López Portillo. Fue contratada para realizar reportajes especiales. Cuando llegó, trató de mantener su nivel superior... venia del DF, era Premio Nacional, era culta, intelectual, no debía mezclarse con la chusma, pues. Esa postura le duró escasamente media hora... y a duras penas. Su alma arrabalera emergió triunfante y su risa explosiva se volvió parte de nuestro entorno de trabajo.

Siendo tan diferentes, nos hicimos amigas entrañables. Coincidimos en Baja California, ella en Tijuana y yo en Mexicali, nos veíamos esporádicamente y disfrutábamos hasta el último segundo que pasábamos juntas. Ella regresó primero, explotó su vocación histriónica y, cuando yo la seguí, me recibió y no me soltó en varios días. Su aspecto no era el mismo y me explicó entre risas que padecía de una rara enfermedad.... ¡imposible que tuviera una enfermedad común!

Murió joven y pidió que en su funeral nos vistiéramos de colores vivos. Otra vez fue diferente: su hija totalmente devastada vestía de flores amarillas y su familia y amigas tristísimas también obedecieron su ruego. Yo, de rojo, entre lágrimas y mocos le dije adiós. Hoy la recuerdo especialmente. Alguna barbaridad ha de andar haciendo en el cielo. ¡Nos vemos, amiga!

miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Gracias!

Pasé  mi infancia en un colegio religioso -que se regía bajo las normas estrictas del inolvidable "Padre Nacho"- y el "dar gracias" era parte del ritual en la misa diaria: había que inclinar la cabeza, contar hasta 30 y luego levantarla con toda la seriedad que el caso requería. La verdad cruda y llana es que no sabíamos a ciencia cierta de qué estábamos hablando. Se trataba de un dogma de fe.

Recuerdo que los crudos inviernos de la ciudad en que crecimos, impedía jugar fuera de la casa, y aunque a don Ray le encantaba sacarnos a jugar en la nieve, doña Arminda debía ponerse estricta y evitar, hasta donde fuera posible los mocos crónicos en las caras de sus diez hijos. Nuestros juegos dentro de la casa tenían que referirse a nuestras vivencias, y así, era común encontrar a mis hermanitas vestidas con amplias crinolinas y sábanas blancas haciendo su "primera comunión". A mis hermanitos sólo les amarraba algo en el cuello a modo de corbata. Pero todos debían comportarse con la mayor seriedad.

Una ocasión, cuando en la casa se respiraba un ambiente casi santo pues mis pequeños hermanos acababan de recibir sendos pedazos de tortillas de harina de manos del sacerdote interpretado por la única generala que los podía mantener quietos -yo-,....les exigí en un susurro: ¡den gracias!. Esperaba, por supuesto que los  dos comulgantes elegidos en esa ocasión, cumplieran con el ritual: inclinar la cabeza, contar hasta 30.... etc.... el problema era que no los había aleccionado sobre ésto y sólo atinaron a verme con ojos muy abiertos. ¡Que den gracias!, les susurré nuevamente. Cuando escuché una tímida vocecita diciendo "gracias".... ¿y el ritual????.... el imponente sacerdote tardó horas en dejar de carcajearse, ante las miradas asombradas de los inocentes chiquitos.

Y es que si nos fijamos bien, el agradecer es un ritual: gracias a Usted.... gracias a Dios....muchas gracias a todos.... gracias, gracias.... Tenemos tantas cosas que agradecer a lo largo de nuestras vidas que ese "gracias" nos sale de lo más natural. Y eso es excelente, pero....

El problema surge cuando el corazón se nos llena de agradecimiento, de reconocimiento, de infinita gratitud ... nuestro cuerpo entero no logra dar cabida a ese sentimiento... se desborda, nos sale por los ojos. Entonces "gracias" nos queda corta. Buscamos otra palabra: ¿cómo les digo a estas personas amadísimas lo que siento?....¡tantísimas palabras en nuestro idioma y ni una sola que exprese ésto!... a lo mejor si lo grito... pero no estaría bien en una persona de mi edad... así es que me sigo quedando corta al decir sólo ¡gracias, GRACIAS, GRACIAS!!

sábado, 9 de febrero de 2013

La Serenata

Llegó mi cumpleaños. Desde la víspera empezaron a llegar los mensajes de felicitación, una visita entrañable y, a las 12, los acordes de unas guitarras con las tradicionales mañanitas.

Nervios.... ¿me asomo?... una rápida cepillada de dientes y de cabello... ¿prendo la luz?.... ¡¿qué hago??!!!!...traté de recordar el protocolo: en mi muy lejana juventud cada serenata implicaba una carrera contra el reloj, para llegar a la recámara de mis hermanos, antes de que el mayor de ellos cerrara la puerta con llave y me dejara sin acceso a la ventana, sordo a mis súplicas. La explicación es que el cuarto de ellos tenía ventana al porche, el mío no. Si el sueño de mi hermano era pesado ese día y me daba oportunidad de entrar al cuarto, el problema estaba resuelto; si no.... el infortunado galán se enfrentaba a una mano enorme (proporcional a sus casi dos metros de estatura) que mi hermano sacaba por entre la persiana y la movía ante los ojos de los desconcertados músicos. Cuando se cansaba, empezaba a contestar los mensajes de las canciones: "¡paloma ya déjalo ir para que nos dejen dormir!"...de nada servía que yo despertara a don Ray, para que pusiera orden. A don Ray le hacían mucha gracia esas cosas.

Definitivamente no podía tomar esas experiencias como referencia. Afortunadamente, como entusiasta seguidora de las películas de Pedro Infante me acordé del ritual: había que prender la luz de una lámpara y asomarse al balcón... y así lo hice, pero algo no andaba bien: en las películas la galana sale con una vaporosa bata blanca con encajes; maquillaje impecable y pestañas postizas. Yo traía una piyama oscura, floreada, matapasiones y de maquillaje... ¡nada!, además, en las películas el galán se acerca montado en un caballo y entablan una conversación llena de dobles sentidos. Aquí no había caballos y abajo estaban mis hijas, mis yernos, hermanos, primos y no se me ocurría ninguna conversación, pues.

Me olvidé de los rituales y así, con mi inadecuada piyama de franela, bajé a cantar con ellos. Toda una hora acompañada del trío y de mis más grandes amores. Agradecida profundamente con todos ellos que respondieron con entusiasmo a la convocatoria de la Moni, mi hija mayor, mi niña.

La emoción sigue ¿a qué horas me hice merecedora de tanto amor?... no se. Quisiera encontrar más formas de decir ¡gracias, gracias, gracias!!!

viernes, 25 de enero de 2013

Mis 60's

Este 2013 llega lleno de emociones diferentes: un recorrido médico inusual, resultados tranquilizadores; grandes muestras de amor inesperadas y algunas de desamor, también inesperadas; una fecha importante por llegar, cierre de etapas y nacimiento de nuevos proyectos...muchas cosas por aprender, todavía.

Don Ray, que murió a la edad de 66 años, se decía siempre  joven de espíritu y de hecho bromeó hasta su último aliento. Recuerdo nuestras sonrisas escépticas al escucharlo, ¿joven?...¡pero si ya había dejado atrás el medio siglo!! lo veíamos mayor, realmente mayor. Ahora que yo dejo atrás el medio siglo, me siento como don Ray, siempre joven y vigilo atenta las reacciones de la gente menuda... ¿serán de escepticismo esas sonrisas? ¡ahgg!

Pero si reviso mi realidad, soy una persona realmente afortunada al contar con amor a borbotones. Mientras la llegada de los 60's marca el inicio del declive en la vida de muchas personas, yo empiezo nuevos proyectos de la mano de seres entrañables, colmada de entusiasmo e ilusión ¿juvenil? -¡uyy don Ray, cuánta razón tenías!!!-.

Tal vez cuando llegue a los 70, empezaré a madurar; tal vez deje de ser mula y me convierta en una noble anciana de maneras correctas y comedidas y a lo mejor tal vez hasta enamore a un arqueólogo que me encuentre más atractiva a medida que me hago más vieja. Mientras, no pensaré en los años que tengo tras de mí, sino los que tengo por delante. Procuraré seguir soñando con lo que puedo alcanzar y no quejarme por lo que no pude hacerlo.

Así es que ¡sean bienvenidos mis primeros 60 años! ...sea bienvenida la mejor etapa de mi vida.

miércoles, 2 de enero de 2013

Nuestro primer amor

Nos vimos por última vez allá a finales de los 60's, hace más de 40 años. Teníamos 14 años cuando nos conocimos y compartimos las intensas emociones de nuestro primer amor, nuestro primer beso. Juntos descubrimos el desasosiego producido por un roce de manos, una mirada, un gesto. El era el cómplice en las aventuras de mi hermano mayor y socio en sus primeros negocios -vendían huevos a domicilio, cargados en una bicicleta-.  Tocaban juntos la guitarra en el porche de mi casa y cantaba canciones que yo, por supuesto, asumía que eran para mi. Fue una relación totalmente romántica, soñadora y feliz, dentro de su blanca ingenuidad.

Con su sonrisa encantadora, tenía totalmente encandiladas a mis hermanitas; una de ellas, que por esas fechas contaba con 4 años de edad, regañaba a don Ray cuando no le avisaba que andaba por la casa quien ella consideraba su novio. Tenía largas pláticas con doña Arminda que se sentía dichosa de tener un interlocutor tan atento. Dueño de una inteligencia muy por encima del promedio absorbía y experimentaba lo que encontraba interesante en su entorno, sin dimensionar riesgos o consecuencias. Descubrió la música clásica y aprendió a tocar el piano con la misma pasión con que vivía todo; formó parte del coro de la Profesora Emiliana de Zubeldía, famosa por su intolerancia a la mediocridad.

Nuestras vidas tomaron rumbos diferentes y así, mientras yo me casaba y formaba una familia, el vivió la suya al tope, se fue del pais, estudió y alcanzó un doctorado. Se casó también y tiene un hijo adolescente. Vive en una cultura muy ajena a la suya y sueña con regresar a su tierra.

Este fin de año nos encontramos de nuevo: cuarenta años más viejos, con más kilos y más canas. Platicamos por horas como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Muy alto, guapo y con la misma sonrisa, aunque un poco insatisfecho con su vida, se pregunta con su tadicional vehemencia ¿esto es todo?... me quedé con ganas de decirle ¿quieres más?

Fue un gusto enorme el volverlo a ver. Con la madurez de los años, con la estabilidad de nuestros corazones ocupados actualmente por otros amores y con muchas vivencias acumuladas, recorrimos nuestros recuerdos entre bromas y añoranzas. Nos separamos nuevamente, ahora con un grato sabor de boca. Tal vez no nos volvamos a ver, pero estoy segura que siempre recordaremos con alegría aquel amor adolescente, nuestro primer amor.



lunes, 24 de diciembre de 2012

Mis hermanos

Dicen que los espíritus que andan en el cielo, eligen desde allá los padres que desean tener: algunos para pagar cuentas pendientes, otros para aprender y superarse y otros más, para disfrutar la experiencia de una familia llena de amor.

Imagino que algo así ocurrió con don Ray y doña Arminda. Dios estaba tan contento con la unión de esas dos grandes almas que para iniciar su familia eligió entre los espíritus aspirantes al más grandote, el más buenavida, un espíritu que, sólo por estar ahí, provocara amor y hasta adoración entre la población femenina mayor de 60 años... todo un premio, pues.

-Pero Dios, -dice San Pedro-, ¿no crees que deberíamos enviarles alguien más aterrizado?... este como que anda en las nubes, ¿no?.... tienes razón -dice Dios-, le vamos a enviar a un espíritu inteligente, más centrado, pero que tenga un corazón lleno de amor. -Hay uno que cubre con creces esas caracterísitcas; es un poquito malgenioso, pero..... -mándalo -dijo Dios- a veces yo también pierdo la paciencia, acuérdate de los mercaderes....

-Señor, fijate que don Ray insiste en que quiere una niña... hay una que formó a todos los demás espíritus en fila, pero ella se puso enfrente, ¿cómo la ves?... -¿y no hay otra?   -sí, una que quedó pegadita, y le dijo "no me vengas....". -Pues mándalas a las dos...-¡¿juntas?!!... ¡no hombre!, manda primero a la más necia y después a la otra.

-¿Cómo van las cosas?- pregunta Dios un día. -Bien, pero.... creo que podemos mejorarlo. Verás fíjate en aquel espíritu que está allá, en aquella nube de donde salen las carcajadas. Es un espíritu noble, muy generoso, inteligente, atractivo, amoroso... ¡bajale San Pedro, algún defecto debe tener!... -toca muy mal el piano.... -mándalo.

-¿Y ese ventarrón de dónde viene San Pedro?...-es aquel espíritu que amenaza con seguir moviendo las orejas si no la enviamos, y mira que es terca...., pero ¿cumple con los requisitos de generosidad, amor, solidaridad...?  -¡sobradamente!... pues mándala. -Oye señor, pero aquel espíritu de allá tiene ya muchos años sosteniendo el pomo de la puerta, alguien le dijo que ésto tenía que hacer para que lo enviaran, y pues, creo que su constancia debe ser retribuída. -Mándalo tambien, pero primero a la del ventarrón, no quiero más estropicios....

-Veo cansada a doña Arminda San Pedro, ¿como la ves si cerramos con broche de oro con aquel espíritu que estamos guardando para una ocasión especial?, pero informa a los aspirantes que ya se cierra esta familia.... -¡Señor, Señor... cuando se supo que se cerraba la familia, se armó una revolución y dos espíritus se prendieron de las piernas de la anterior y se dejaron ir juntos!... ¿los regreso?...¿cumplen con los requisitos?... pues....si.... ¡déjalos pues, pero ahora sí, cierra la familia definitivamente!....Pero eso si, en cuanto terminen de formar sólidos cimientos de amor entre todos ellos, te los traes a los dos para que descansen y disfruten de la felicidad total, aquí, junto a mí.... se lo merecen ¿no crees?

-San Pedro...¿quién es esta Aurora que me trae atarantado con los twiters? ... me envió un curriculum impresionante y dice que está dispuesta a viajar a donde sea, con tal de que la enviemos a la familia de don Ray y doña Arminda...hasta me mandó unas fotos en donde aparece con la Virgen María y con San José.... yo se que ya habíamos cerrado esa familia pero....¡aghhhh!!!! aqui están llegando más mensajes.... mándala, mándala..... Don Ray y doña Arminda tendrán que esperar unos años más en la tierra, pero van a disfrutar como magos a esta última... Ahí te los encargo... yo también los estoy disfrutando mucho a todos.



viernes, 5 de octubre de 2012

Mi Nana

Rezongona, amorosa, de risa contagiosa y muy mala para cantar, era una señorona admirable desde todos los ángulos. Viuda desde muy joven, enfrentó a la vida con sus dos hijos pequeñitos: "Raymundito" de 3 años y María Aurora, que apenas alcanzaba un año de edad. Ya traía a cuestas el gran dolor de haber perdido a su hijo mayor, Mariano, cuando vio impotente apagarse la vida de su esposo don Raymundo -mi abuelo- a quien ella adoraba ciegamente.

Eran los años 20's del siglo pasado. Una mujer viuda en esa época estaba condenada a encerrarse y vivir de la caridad de sus familiares -con riesgo de que esos familiares desconocieran el significado de la palabra "caridad"- y declararse muerta en vida, aún cuando apenas tuviera veintitantos años, como fue el caso de mi abuela. Pero se necesitaba mucho más que eso, para doblegar a ese ejemplo de fortaleza. Vistiendo luto  hasta el final de sus días, guardó entre sus objetos más preciados el más valioso de todos: la fotografía de mi abuelo, muy elegante, grandote, en un descolorido color sepia. Puedo imaginar la cantidad de lágrimas y besos que recibió esa foto hasta el último día en la vida de mi abuela, más de 60 años después.

Mis primeros recuerdos de ella son verla hacia arriba. Una mujer alta, delgada, vestida de negro, yendo y viniendo en la trastienda de "La Tienda Nueva", el negocio que levantó junto con sus hermanos. Pero su corazón estaba volcado por entero entre mi papá -"Raymundito"-,  y mi tía María Aurora quienes eran el centro de su universo. Tras la muerte temprana de mi tía llegó a vivir a nuestra casa, llena de chamacos (11 hermanos), de ruido, de música, de bromas... ahora pienso que debió serle difícil adaptarse a esa nueva realidad.

Luchadora imparable, tejía diferentes prendas para allegarse algunos centavitos más de los que le daba mi papá mes a mes que, aparte, no debían ser muchos, dada la situación familiar. Todos nosotros lucimos en su momento alguna bufanda, algún jorongo o algún sueter confeccionado por ella. Cuando el cáncer se llevó a mi mamá y decidimos mudarnos todos a Mexicali, su dolor la dobló por fin y murió a la vuelta de tres meses.

Hace unos días me encontré una fotografía que nos tomamos por aquella época. Veo a mi Nana, mi abuela, viejita, muy viejita, con los cabellos blanquísimos, pequeñita... así la revela la foto, ¡aunque yo hasta el último de sus días la vi enorme!... Una sonorense de las de a buenas, una esposa, madre, hermana, abuela extraordinaria... una MUJER, así, con mayúsculas.

lunes, 1 de octubre de 2012

Ella

Se habla mucho acerca de primer amor, el de las mariposas en el estómago y las estrellitas en la mirada, aquel que, más que una realidad, es un sueño infantil, lleno de ilusiones muy parecidas a las de los cuentos de príncipes azules y princesas que bailan entre nubes de algodón.  Ese primer amor generalmente termina plantándonos en la realidad, la dura realidad en donde el príncipe no es tan azul ni las nubes son de algodón. Algunas veces ese amor madura y crece... otras, se marchita y muere.

Cuando esto sucede, sentimos que ya se terminó para nosotros el tiempo de las ilusiones rosas. Pensamos que, si tenemos suerte, volveremos a sentirnos bien en compañía de alguien y hasta podremos compartir una pasión, pero ¿de maripositas?...¡nada!

Sólo algunos afortunados llegan a experimentar nuevamente todas esas emociones que parecían olvidadas y bordan con puntadas muy finas un sentimiento nuevo y viejo a la vez que los cala hasta la raiz y los lleva del infierno al cielo con una sola mirada. Los sentimientos de un hombre maduro que tuvo la suerte de vivir esa experiencia, fueron plasmados en el escrito que a continuación reproduzco:

Ella 
En su expresión hay algo que atrae a los demás: algo lleno de sensualidad, como si fuera pelando con dulzura, capa a capa, el corazón de quienes la rodean.  Y nos saca de lo más recóndito de nuestras almas, lo que verdaderamente somos. Por eso la buscamos, porque con sólo un leve y sutil movimiento de sus labios, propio de sus cambios de expresión, surge la tenue luz que se le enciende y apaga chispeante en el fondo de sus pupilas. Esa luz nos atrapa, nos hace sentir recuerdos vagos de la llama de una pequeña vela temblando en un rincón de una habitaón oscura, larga y estrecha.

Si te toma de la mano, aunque sea por tan sólo unos segundos, sabrás que es un tacto diferente a cualquier otro que hayas experimentado después. Es simplemente una mano cálida como de niña de doce años; pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se encuentran, como en un museo, como en una biblioteca, todas las cosas que yo he querido saber, todas las cosas que tenía que saber. Durante esos pocos segundos, he tenido la sensación de haberme convertido en un pajarillo perfecto. Esa certeza me deja sin aliento, me estremece. Pero esto es algo que no podría contarle, quizá porque no es posible expresarlo con palabras.

Es posible que se trate de un amor platónico, de un amor imposible. De lo que no hay duda es de que se trata de un gran AMOR.

martes, 25 de septiembre de 2012

Una Mula

La madre de mi abuelo, doña Manuelita fue un personaje increíble -en estos tiempos dirían que fue una mula- que sembró la semilla de su rebeldía, sus sueños y su vivir intenso en las siguientes generaciones de su familia.

Fue la tercera hija de don José Sardaneta, un señor muy serio que llevaba con orgullo el recuerdo de su propio abuelo, el Marqués de Rayas. Aunque los títulos nobiliarios ya no tenían validez en su época, don José planeaba matrimoniar a sus tres hijas, de reconocida belleza, con miembros de la nobleza europea y así para Manuelita, que sólo contaba con 13 años, fue elegido un italiano de rancio abolengo.

Evidentemente don José no alcanzó a dimensionar el carácter indomable de su hija, quien al enterarse de los planes de su progenitor, convenció a Mariano, un joven formalísimo en quien Manuelita había depositado sus sueños románticos, a que huyeran juntos, muy lejos de la influencia paterna. Así lo hicieron, y Mariano fue y depositó a la rebelde y virginal jovencita en la casa de su madre, una indígena purépecha que no hablaba el castellano, mientras ella llegaba a la edad requerida para poder casarse.

Y como en los cuentos de hadas, se casaron y hasta donde yo se, fueron muy felices... y tuvieron muchos hijos, entre ellos, mi abuelo, don Raymundo. Cuentan que en la casa paterna de Manuelita -que ahora es museo, en la ciudad de Guanajuato-, ronda el espíritu de quien fuera la oveja negra de la familia y cuyo nombre jamás volvió a pronunciarse en esa residencia, por ordenes del ofendidísimo y dolido don José... Algún día iré a buscarla, con suerte la veré y a lo mejor hasta le reprocho su legado,  pues soy heredera indiscutida de su caracter rebelde e indomable. Una mula bronca, según mi sufrido papá.

Aunque se que doña Manuelita se reiría de mis reproches, si debo agradecerle el invaluable regalo que me hizo: su vivir y disfrutar intensamente cada minuto, el enfrentar la vida con alegría y esperar de todos lo mejor... aunque confieso que a veces me llega a invadir alguna nube negra de pesimismo  -tal vez herencia de mi antepasada purépecha-, siempre termina dominando la mula... ¡Gracias pues Bisabuela... esta mula se inclina ante ti!



lunes, 3 de septiembre de 2012

Envejeciendo

Hace días vi un documental sobre un experimento realizado en los 80's por Ellen Langer, reconocida profesora de Psicología de la Universidad de Harvard, al que llamó "Un giro contrario a las agujas del Reloj".

En su trato profesional con personas de avanzada edad, la Dra. Langer pudo darse cuenta que, mientras algunos pacientes mostraban una elevada energía vital traducida en buena salud y buena calidad de vida, otros, con menos años, languidecían abatidos por incontables enfermedades, sin que los hábitos desaconsejados o hasta perniciosos como el tabaco y la ingesta de carne y grasa, fueran factor determinante par marcar la diferencia entre unos y otros.... entonces ¿por qué algunos, con muchos años a cuestas se mantenían jóvenes y otros de menor edad se veían viejos y acabados?

Siguiendo su instinto, se arriesgó con un grupo de personas mayores de 75 años, con estilos de vida similares. Estas personas fueron llevadas a un centro apartado, donde se había recreado un ambiente del año 1959. Veían películas de la época; en la televisión veían a Fidel Castro; leían revistas como: Life, el Saturday Evening Post de aquellos años. Se había hecho una réplica de todos los estímulos sensoriales de los años 50. Se les pidió que no hablaran de hechos ocurridos después de esa época y se les quitó todo tipo de ayuda geriátrica, como enfermeras, alimentación especial, etc.

La premisa que impulsó a este experimento fue que a veces una experiencia recordada puede crear el mismo flujo de neurotrasmisores y hormonas que una experiencia real. Una experiencia imaginaria puede generar un auténtico flujo de sustancias químicas en el organismos. Resultado: ese retroceso temporal en el entorno conllevó cambios físicos y psicológicos en los veteranos, quienes experimentaron mejoras en la audición, la memoria, la agilidad, el apetito y su bienestar general.

La conclusión a la que llegó la Dra. Langer es contundente: Cambiando la manera de pensar cambiamos la manera de envejecer. La genética ayuda sin duda, pero nuestra actitud ante la vida es la herramienta más poderosa para combatir el deterioro causado por el tiempo....por eso son tan gratificantes las reuniones con viejos amigos, nuestras viejas querencias. Nos mantienen jóvenes, son divertidas y ¡son gratis!


sábado, 11 de agosto de 2012

Roberto

Tiene cara de luna llena, un corazón del tamaño del mundo y sus carcajadas hacen la delicia de todos los que lo rodean. Es el Robert -no estoy segura si el se coló en nuestra familia, o nosotros nos colamos en la de el-,  pero es sin duda, un hermano más. Un queridísimo hermano más.

Como primogénito de una numerosa familia, adopta cabalmente su postura: apapacha a sus hermanas, orienta a sus hermanos, adora ciegamente a su mamá, y es el rey indiscutido. Siéntate aquí... siéntate allá... ¿que quieres tomar?, es el "Don Baldomero" en las fiestas y se deja querer con una sonrisa de oreja a oreja. Podría fácilmente ponerse presumido con tanto halago, pero no se le dá, es demasiado sencillo y le gana la risa. Para rematar, Dios, encantado con su obra, le hizo un clon, en la persona de su sobrino Ivan.

Hubo un momento, cuando mis hijas eran adolescentes, que en un viaje al DF se vieron envueltas en una situación problemática. No había manera de ayudarlas desde acá. Afortunadamente para nosotras, logré contactar a Roberto y a Martha, su entrañable compañera de vida, y el problema fue resuelto de la mejor manera. Desde entonces nos unimos al "club de fans incondicionales del Robert", del cual las féminas de su familia son presidentas vitalicias.... ¡todas ellas!

Ahora Roberto pasa por un período difícil. Su organismo le está dando un "estáte quieto" y lo tiene amarrado a una cama de hospital. Me lo imagino todo acelerado queriendo regresar a su casa, con ganas de agarrar camino "pa donde apunte la chancla". Mientras, una de las presidentas de su club de fans, la Yuri, su hermana, abrió una página de facebook con la idea de que algunos allegados le pusieran un mensaje de aliento. En un santiamén se unieron más de cien personas que día a día le escriben, le cuentan chistes, le platican cosas. Ahí va a ir a dar este escrito, en espera de poder brindar con el, en un futuro próximo con el tradicional caballito de tequila. ¡Salud hermano querido... mucha salud para ti!.

martes, 31 de julio de 2012

Sólo el Amor....

Hace aproximadamente un año, en un ejercicio de regresión guiado por el Dr. Brian Weiss, recibí un mensaje de la persona más sabia que he conocido, doña Arminda. Fue un mensaje claro y contundente: "Sólo el Amor es lo que Importa".

Dado que mi entorno familiar se desarrolló en un ambiente pleno de amor, este fue un tema obviado en todas nuestras relaciones de familia, amistades, etc., es decir, amábamos y nunca tuvimos la más mínima duda de ser amados de la misma manera. Al dejar el nido protegido por padres y hermanos, nos encontamos con una realidad muy diferente. El amor es un bien escaso, condicionado y muchas veces obsequiado con tacañería, te amo sólo si me amas o te amo cuando las circunstancias son apropiadas para ello.

Curiosamente encontramos que el amor incondicional fluye fácilmente hacia una mascota o un bien material, un carro, una casa, etc... pero cuando es dirigido a otro ser humano, sea pareja, familia, amistades, es cuando entran los asegunes, lo amo pero.....  y así se va extendiendo la cultura del amor a medias, del amor mezquino, del desamor.

Esporádicamente tenemos la fortuna de toparnos con alguien que sabe amar, que no teme entregar su alma a otra persona,  llámese familia, amigo, pareja o hasta a un desconocido, así alegremente, con la mirada limpia. Ese sentimiento se contagia y muchas veces asusta. No es raro ver a algunas personas salir huyendo, aterrorizadas ante lo que consideran una situación de total indefensión. Pierden así la posibilidad de vivir un amor sublime, el más puro estado del ser humano.

Es una elección de vida. Podemos vivir a la defensiva, pichicateando nuestros sentimientos o podemos entregarlos sin cortapisas. Tal vez nos equivoquemos y nos defrauden, pero existe la posibilidad de encontrar un alma grande y  la experiencia será gloriosa. Vale la pena intentarlo, ¿o no?.

viernes, 13 de julio de 2012

El Festejo

¡Y llegó el festejo! había que hacer intensos ejercicios de imaginación para reconocernos bajo las arrugas y los kilos que se empeñaron en transformar nuestras fisonomías a lo largo del tiempo. A los caballeros les creció la frente hasta casi confundirse con la nuca y aquellas largas melenas que eran el sueño de todas las adolescentes de la epoca -y la pesadilla de los padres-  lucen ahora blancas, cortas y muy escasas. Las damas, otrora orgullosas poseedoras de largas cabelleras oscuras y cortísimas faldas multicolores, arribamos al festejo un poco menos garbosas, con cortas cabelleras multicolores y largas faldas o pantalones oscuros.

Cumplíamos 40 años de habernos graduado de Prepa y, por primera vez, tuvimos que recurrir a sendas etiquetas con nuestros nombres escritos, muy grandes para poderlos leer, pegadas en el pecho, como los niños del kínder. Un tronadero de rodillas a la hora de la comunión en la misa de acción de gracias; abrazos, gritos y risas a la salida del templo. Y luego, la foto... ¡acomódense!, gritaba una y otra vez Betty Estrada, principal organizadora del evento desesperada porque algunos no hacían caso... hasta que se dió cuenta de que en realidad no oían, había que subirle el volúmen al aparatito en la oreja, pues.

Salió por fin la foto y salimos todos en estampida al lugar del evento; algunos buscando comida, la mayoría buscando los baños. Una retocadita al pintalabios en el caso de las damas y un intento de reacomodar los invaluables y exiguos cabellos en el caso de los caballeros y a salir con sonrisas de oreja a oreja: reconocer, abrazar, emocionarse, volver a abrazar y sentarse extenuados con el corazón repleto de sentimientos de alegría, de asombro... de nostalgia.

Así, entre chuscas anécdotas de los presentes y reminiscencias a veces tristes de los ausentes, desaparecieron los años, las arrugas y los kilos. Nuestros ojos brillaron igual que en nuestra lejana adolescencia y salimos a bailar al son del Bule Bule y Atras de la Raya con inusitada energía, que duró aproximadamente 40 segundos... después de eso, seguimos bailando con movimietos más acordes a nuestra realidad, pero felices, muy jóvenes de espíritu; eternamente jóvenes.

Fue un gran placer compartir esas horas con personas tan queridas. Fue un gran placer reencontrar almas afines. Coincidimos en aquella escuela nuestra hace 40 años; coincidimos ahora en la aventura de este reencuentro. Todos ganamos en alegría, en recuerdos, en amor. ¡Gracias amigos!

sábado, 30 de junio de 2012

Una bocanada de aire

Hoy vi en la tele una entrevista con una actriz joven, muy guapa, que reconocía sin rodeos que su matrimonio recién había terminado debido a que su ex marido la golpeaba sin provocación alguna. Así, lisa y llanamente. Los cabellos de mi nuca se erizaron mientras la escuchaba.

Cuenta que se casó siendo casi una niña, repleta de sueños e ilusiones y vistió a su príncipe con las más hermosas virtudes, el más extraordinario ser  humano. De la mano de su esposo se fue a vivir a un estado del sur de la república (ella es norteña), a disfrutar de su gran historia de amor, misma que a pesar de sus esfuerzos, se fue transformando poco a poco para terminar convertida en una dolorosa historia de terror.

Sin entenderlo por completo todavía, describe su asombro ante las repetidas infidelidades de su marido, su violencia física y sobre todo psicológica. Esa mujer bellísima, de 1.78 m. de estatura perdió por completo su autoestima en manos de aquel patán...se sentía fea e inutil. Tras siete años de tristeza y soledad acompañada, reunió valor, tomó a sus dos hijos y pidió el divorcio.

La que cuenta esta historia es ahora una mujer triunfadora, segura de si misma y sin una huella, cuando menos visible, del calvario que vivió. Con extraordinario valor expone la situación sin llantos, sin quejas, hasta con un poco de sentido del humor. Afirma que al salir de ahí tomó la decisión de ser feliz y lo ha conseguido, su cara, su sonrisa, lo dicen todo.

Esta es, para mi, una luchadora social. ¿Cuántas mujeres de todas las edades y estratos sociales estarán viviendo la misma historia?... muchas, muchísimas más de lo que nos imaginamos. Y en una situación así es muy difícil imaginarse autosufuciente, mucho menos triunfadora, por eso se quedan ahi. Un ejemplo como el de esta actriz puede ser la pequeña luz en el fondo del tunel que les de una esperanza a la cual aferrarse. Sólo se necesita una bocanada de aire para agarrar la fuerza necesaria para salirse.

Pero para exponerse así, públicamente y reconocerse víctima de maltrato, también se requiere mucho valor. A veces, de quien menos esperamos recibimos una lección de vida.

jueves, 14 de junio de 2012

La quería yo tanto y se fue.....

Este 12 de junio se cumplieron 28 años de que doña Arminda se durmió para siempre y no pasa un día sin que de una u otra forma se manifieste su presencia en nuestras vidas. Recordamos su sentido del humor, su comida, su música, pero sobre todo su gran amor. La recordamos sin dolor, con profundo agradecimiento por haber sido parte de su entorno y hasta sus descendientes que no la conocieron han hecho de ella una leyenda familiar: es la "Uma" de todos y todos tienen algo que ver con ella, en un milagro de amor.

¿Cuántas personas hay en el mundo que quisieran lograr esa trascendencia?... hacen cosas increíbles para "pasar a la posteridad" y generalmente son olvidadas a la vuelta de la esquina. Desde la infancia se hace presente el  imperativo de destacar en lo que se haga, de dar el 120%, de ser los mejores para que su huella perdure, con un resultado previsible:  legiones y legiones de adultos estresados, frustrados y deprimidos, en el mejor de los casos, y en el peor, amargados y resentidos, por no haber alcanzado los estándares establecidos.

Ella, la Uma de nuestra familia, no buscó la trascendencia que logró... estaba muy ocupada con su enorme familia, agregados y anexos. Siendo extraordinariamente inteligente definió sus prioridades y se fundió en ellas con alegría y amor. Defendía su posición pacifista, asegurando que el conflicto no lleva a ninguna parte. Que si nos peleamos con alguien que es más fuerte, es como escupir hacia arriba; que le damos poder sobre nosotros a quienes tienen la capacidad de hacernos enojar y que el que alguien piense diferente, no lo hace nuestro enemigo. Promovió la unión y la integración con alegría y formó una familia unida, con miembros diferentes y hasta opuestos en personalidad, intereses y preferencias políticas, pero respetuosos todos de la individualidad y decisiones de cada quien... con un amor incuestionable.

Hoy la recuerdo con mayor intensidad. Su fuerza era nuestro pilar cuando en el exterior la situación era confusa. Ella veía las cosas con gran sencillez y claridad. Hoy quisiera ser recipiente de su gran sabiduría. Me pregunto cuál sería su opinión sobre lo que estamos viviendo, me encantaría saberlo... pero se fue. La quería yo tanto y se fue, para nunca volver.

martes, 29 de mayo de 2012

Una Historia Extraña

Su madre, una mujer de mirada tenebrosa, justifica su crímen: fue para evitar un terremoto que provocaría el fin del mundo, dice. Y así, en vivo, le arrancó los dos ojos a su hijo de 5 años, cuyos gritos de dolor y de terror alertaron a los vecinos, que impidieron que siguieran masacrando a la criatura. Si había que ofrendar un par de ojos a la deidad que fuera, para evitar ese cataclismo,  ¿por qué no ofrecieron los propios?. La vida de Fernandito quedó marcada para siempre, pues aparte de la ceguera total y el derrame de líquido cefalo raquídeo que tuvo al serle arrancado los ojos de manera despiadada (no saben todavía si sufrirá daño cerebral), tendrá que lidiar con el hecho de que su propia madre -una hiena- fue quien le causó esa tortura. ¿Amor maternal?  ¡Uff!

Este tipo de fanatismo no es nuevo. Ya los egipcios, 3000 años AC, detallan en sus pirámides los sacrificios humanos que hacían para aplacar a sus Dioses, en China, India y en general, en todas las culturas del planeta, era práctica común tomar las vidas ajenas en la búsqueda de favores divinos. Y ni hablar de nuestros antepasados, Aztecas, Olmecas, Mayas, de cuya cultura nos sentimos orgullosos... los españoles al llegar, se horrorizaron ante el derramamiento de sangre ofrecida a Dioses inclementes. Mientras, el resto de Europa veía también horrorizado, el actuar de la "Santa Inquisición Española", que hizo de la tortura un refinado arte. Crímenes horrendos en nombre de Dios, ¿puede haber una mayor incongruencia?

Pero al igual que los españoles se escandalizaban por los sacrificios humanos de los indígenas y al mismo tiempo, con fervorosa religiosidad instituían los tribunales de la Inquisición, para sacrificar a otros humanos con lujo de saña, así muchos de nosotros, en la actualidad, condenamos con pía indignación tantos actos de barbarie que se dan día a día en nuestro propio entorno y al mismo tiempo, caemos en el peor de los crímenes: la indiferencia, la inacción, la pasividad ante estos hechos. Los dejamos pasar, mientras no nos toquen a nosotros....

Creo que no existen verdades absolutas; nadie es totalmente bueno, ni totalmente malo, hay matices. El fanatismo llega cuando se deposita en una persona una fe incondicional y se le considera la personificación de Dios. Así, si este sujeto dice: arrancale los ojos a tu hijo, pues se hace ya que es un mandato divino. Y los demás, nos horrorizamos y cerramos los ojos. Tampoco volteamos a ver nuestro propio fanatismo, tal vez en menor escala, pero fanatismo al fin. Es una historia impactante, pero no es, para nada, una historia extraña.