lunes, 1 de diciembre de 2014

Mi Niña

Se anunció después de que un galeno chiapaneco nos había asegurado que no podríamos tener bebés. Sus papás apenas habíamos brincado la adolescencia y, en muchos aspectos, aun seguíamos instalados en ella. El primer año después de nuestra boda, lo vivimos en el D.F. gozando de la libertad que nos permitía nuestro certificado matrimonial y jugando a la casita...la eventualidad de que pudiéramos tener un bebé no pasaba por nuestra cabeza.


El trabajo de su papá nos llevó a cambiar de residencia a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. "Al otro lado del mundo", decía don Ray. Ahí, cuando menos lo esperábamos se anunció la Moni, nuestra primera hija y la primera nieta en las dos familias. Yo, que contaba entonces con 20 años, viví el embarazo como un juego. Salía a pasear al parque y le platicaba lo que veía y que pronto ella (o el, en ese entonces no se predecía el sexo) vería. Me encantaba sentir su respuesta con alguna patadita en mi vientre.


Nació enorme por parto natural sin ningún tipo de anestesia. Doña Arminda y don Ray llegaron a Tuxtla dos horas después del parto. En los cuneros era la más larga, don Ray no cabía en sí de orgullo. Durante la semana que duró su estancia , recibimos lecciones intensivas de cómo cuidar a nuestra criatura. El día que se iban, doña Arminda a duras penas contenía las lágrimas y yo temblaba presa del pánico con mi bebé en brazos ¿sería capaz de sacarla adelante?.


Nuestra vida fue una serie de "primeras veces": la primera ahogada, la primera enfermedad, la primera ida a la escuela, los primeros cumpleaños, la primera adolescencia, el primer noviazgo, la primera boda....no hubo tiempo de ensayar. Cambié las muñecas y los monos de peluche por una pequeñita de carne y hueso que dependía totalmente de mí. Todavía me asusta la cantidad de errores que cometí con ella.


Tenía seis meses de nacida cuando regresamos a nuestra ciudad, cerca de nuestros padres y hermanos y, sobre todo, cerca del amor de quien fue siempre nuestro ángel guardián: doña Arminda.


Ahora es madre, esposa, empresaria y enfrenta sus propias decisiones, aunque para mí seguirá siendo siempre esa chiquita rebelde, demandante y llena de ocurrencias entrañables. Para mi seguirá siendo siempre Mi Niña.



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